Lo único que la mente puede hacer Es descubrir lo irreal como real. Abandonar la falsa idea. Eso es todo. No hay necesidad de ideas verdaderas. No hay ninguna que lo sea. Nisargadatta Maharaj
A sí que, ¿Qué queda por decir? Muy poco. El buscador embotado con los instructores y las enseñanzas, la búsqueda y el despertar. Y desde aquí es muy obvio que no hay nada que buscar y nada que enseñar. Y la función continúa el cuerpo/mente es totalmente parte de la función, ahora todo puede verse desde una perspectiva muy distinta. Lo que ocurre no te está ocurriendo a ti, sino que está ocurriendo, no la agarres ninguna idea, deja que el rio de la vida fluya y disfruta de verla fluir. AMOR carles
Estar o dejarse caer en el no saber, no quiere decir que nos volvamos tontos, y que olvidemos todo el saber que hemos acumulado hasta este momento, creo que es una sensación que se tiene a nivel inconciente, que si me dejo caer en el no saber, me voy a olvidar de atarme los zapatos, no me voy a olvidar de atarme los zapatos, ni de manejar un coche, ni de hacer cualquier cosa que estaba haciendo hasta ahora, cuando haga falta esto surgirá y entonces lo haré. Yo no pretendo ni es mi intención en absoluto decir como tenéis que trabajar, para mi no hay un trabajo mejor que otro trabajo, para mi hay diferentes niveles de trabajo. Cuando digo que es importante la primera vez que nos reunimos aquí, que como les decía nos podemos permitir estar en el no saber, no pretendo deciros que es lo que tenéis que hacer, pretendo deciros que es lo que estáis haciendo.
La verdadera sanación o la sanación profunda, sólo puede surgir de una escucha profunda, a veces cuando estamos aquí en este sitio, reunidos aquí durante todos estos días, que a un nivel es un poco más calmado, estamos todos un poco mas asentados, y es probable que a veces surjan síntomas o aquellos que se llaman síntomas o molestias, o al pararnos surge algo, si ese algo no es escuchado y es acallado, que es lo que solemos hacer, en vez de escucharlo lo acallamos, aparece una molestia y en vez de escucharla intentamos hacer algo con ella, no estamos escuchando. Intentemos despertarnos, darnos cuenta, pillarnos a nosotros mismos, en dos situaciones, una es pedirle a alguien que me haga algo, o ofrecerle a alguien hacerle algo, eso lo hacemos casi siempre, y no nos damos cuenta que nos vamos hacia atrás. Y si acallamos esa molestia, ese síntoma esa forma, la forma no ha sido escuchada entonces volverá a surgir, cuando tenga oportunidad volverá a surgir. ¿Por qué tenemos la costumbre a veces de ofrecer ayuda sin que nadie nos la pida? No será que no podemos estar con nuestro sufrimiento, y decimos, esta persona está sufriendo, ¿cómo sé que está sufriendo esa persona, dónde lo siento? Soy yo el que no puede estar con el sufrimiento de la otra persona, entonces creyéndome hacerle un favor intento acallar su sufrimiento entonces digo que ya no lo siente. Y hacia el nivel que vamos verdaderamente, estamos haciendo una putada, porque le estamos proyectando nuestro sufrimiento en él y en vez de trabajar aquí con lo que es mío, trabajo con el espejo que tengo delante. Y cuando lo acallo a la menor oportunidad volverá a surgir, y en la medida en que acallo eso a veces va profundizando el síntoma. Simplemente recibamos lo que aparece, lo que sentimos, demos la oportunidad de escucharlo plenamente. El síntoma no desaparecerá por completo hasta que no haya sido escuchado lo que viene a decirnos lo que viene a rebelarnos, y sólo única y exclusivamente lo puede saber uno, le puede ser rebelado a uno, nadie puede entendernos, la parte humada de cada uno, la particularidad de cada uno es incomprensible por nadie, nadie puede entender lo que esta sucediéndole a otro, como mucho puedo entender la historia que yo le he colocado a otro, que siempre será mi historia. Intentemos pillarnos cuando vamos a hacer algo para acallarnos o para acallar al otro.
Simplemente observar, observar como la marea de la vida mueve, crea formas, observemos esto, simplemente observarlo, sin agarrarnos a nada, sin intentar hacer nada, que sea meramente escucharlo y recibir. No podemos tirarnos a medias del precipicio. No pasa nada, está bien no tirarse del precipicio, no hay ningún problema. Vuelve a surgir la palabra coherencia, pero intento saber donde me encuentro, intento saber donde estoy. El que tiene miedo de tirarse al precipicio es nuestra historia, nuestro ego, porque nos asegura que nos mataremos, pero no, podemos volar.
R: Carles, en realidadlas preguntas que hacés al paciente un poco es para que tomes nota, pero más es para que el paciente se pregunte y se conteste, porque vos ¿que le vas a decir?, tu sólo puedes escuchar
Carles: Si puedo decirle, si la historia es algo que parece duro y parece pesado, puedo decirle: ¡caramba, debió ser esto muy pesado para ti! O alguien me cuenta la pérdida de un ser querido... o de tal…esto debió ser muy pesado (le digo), por supuesto, como ser humano. Es dar el permiso a la gente. Por eso, para intentar trabajar a este nivel en donde estamos, tenemos que trabajar mucho con nosotros, de hecho el trabajo es con nosotros, porque entonces alguien empieza a contarte una historia, esta resuena en mi, yo no puedo estar con esa historia, e intento decir aquella frase: “venga, pero todo ya ha pasado, no pasa nada, todo está bien”…no es verdad, no le quitemos el poder. Si permitimos que esa persona llore, y que se sienta como se está sintiendo, entonces ella toma coherencia, y entonces la estamos escuchando, y entonces ese llanto es escuchado y es una forma de descargar muy grande, la gente se siente escuchada. Porque casi todo el mundo vamos diciendo a la gente aquello: “venga, ánimo que no pasa nada”, no, como que no pasa nada, si estoy mal, me siento mal, me siento mal. Dar el permiso a la gente de sentirse como se siente,que eso es lo que está pasando. Pero para poder dar ese permiso me tengo que dar el permiso a mí para poder estar con mi propia historia y eso es duro y complicado.
Todo lo que hay en el universo se basa en los opuestos. No hay nada en el mundo, ni en el universo que sea estático. El universo siempre pasa de un opuesto a otro. Los opuestos están interconectados. En realidad, no hacer más que fluir con ellos. Pero el intelecto humano compara los opuestos, quiere elegir entre ellos y eso no es posible. Los opuestos son polaridades interrelacionadas. Uno no puede existir sin el otro. El ser humano es infeliz por que busca seguridad. La seguridad significa que no ha de haber cambios y nada en el universo puede permanecer de ese modo. La búsqueda de la seguridad ha de terminar necesariamente en frustración. El ser humano ha de aceptar la Inseguridad. El cambio de un opuesto a otro es la propia base de la vida y de la existencia. La esencia de la indeterminación desde la prospectiva de físico es aún más clara. La partícula básica tiene su propia naturaleza. A veces es una partícula, a veces una onda. Los físicos han acuñado la palabra “quantum”. La naturaleza dual del electrón es imposible de definir, ni en la teoría ni en la práctica. Si conocemos su velocidad, no podremos conocer su posición exacta. Si conocemos su posición exacta, no podemos conocer su velocidad. Ésta es la incertidumbre que prevalece siempre. Esta impredecivilidad se puede ver mejor en lo que se conoce como la paradoja del cubo*
Si miramos fijamente en cubo, de pronto cambia su cara. No sabemos cuando lo hace, pero luego vuelve a cambiar. Este salto, este cambio de un aspecto a otro, es un claro indicativo de esta dualidad básica. Los procesos humanos de percepción son de tal manera que no permiten ver las dos caras al mismo tiempo.
Al yo separado le aterroriza la trascendencia, porque ella implica la muerte definitiva de su presunta existencia. Al ego le gustaría realizar este viaje por el profundo océano de lo desconocido, sin abandonar las orillas ya frecuentadas por el mundo de lo conocido donde se siente a salvo. Por eso, cuando nos adentramos en esta vasta y silenciosa región de la conciencia, sin centro ni periferia, y siente que se disuelven los estrechos límites con los que se identificaba, se estremece y retrocede espantado. En este sentido un maestro zen afirmaba: “los seres humanos evitan a toda costa abandonar sus mentes, pues tienen miedo de caer en el vacío sin tener un punto de apoyo al que agarrarse. Ignoran que en realidad, la vacuidad no es un vacío, sino el Dharma último, único y verdadero” Y otro aconsejaba: “Acércate sin temor al borde del precipicio y arrójate decididamente al abismo. Sólo podrás salir después de haber muerto”. Quien tiene miedo a saltar al vacío es el ego, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Porque lo único que realmente muere al adentrarnos en el abismo de lo desconocido, es la ilusoria interpretación de nuestra identidad que nos hace sentir separados del mundo que nos rodea. Por eso, en el momento que dejamos de identificarnos con este presunto yo independiente, el hecho de estar sin dualidad ya no tiene nada de espantoso. La vacuidad sólo es terrible desde el punto de vista del ego y de su deseo de permanencia como entidad aislada, pero el Ser es, simplemente, su gozosa y lúcida naturaleza eterna. Lo indiferenciado solo resulta aterrador desde la perspectiva de la personalidad, pero una vez transcendido ese enfoque ilusorio, el término abismo se desvanece. Lo que el yo relativo imagina como su ausencia, no es, en realidad, si no la presencia absoluta de la plenitud. Sólo arrojándonos confiadamente en la insondable trascendencia del vacío, podemos descubrir la infinita riqueza de nuestra verdadera naturaleza. Sólo cuando nuestro ego se aparta, aparece el verdadero Ser. Es necesario pues, tener el coraje de enfrentarse el vacío total, de asumir la realidad sin forma y dejarse caer en el abismo de lo desconocido, sin esperar nada, sin apoyarnos en nada, sin pretender refugiarnos en alguna parte. No se trata de eliminar el sentimiento de miedo, sino de aceptarlo por completo. Al acoger plenamente la situación presente sin pretender cambiarla ni huir de ella, el ego, que no es sino un mero gesto de resistencia ante lo que sucede, desaparece instantáneamente. Y, con él, también el miedo, porque el temor sólo existe cuando el experimentador está separado de la experiencia.
Vivís la verdad que habéis comprendido Krishnamurti
¿Qué significa esto? Me siento a meditar, asisto a encuentros a sanghas. Aprendo a observar. Percibo movimientos en mi mente, que no había notado nunca antes, su naturaleza repetitiva. Advierto cada cosa que pasa en mí, pero no dejo que nada caiga. De este modo todo queda en lo intelectual en los conceptos, lo sé todo muy bien pero es un lujo que solo queda en la superficie, el conocimiento no es encarnado. No hay que deshacernos de nada. Todo lo que podemos hacer es no apegarnos, no retenerlo no intelectualizarlo, solo sentirlo. Ahora bien, si como suele pasar nos da placer, seguridad, prestigio, podemos no advertirlo y seguir como antes, nada cambia. Quizá se trate de un interés colateral, junto con la familia, el staus social, la economía. Quizá se trate de una cosa más y no quiera que sustituya a todo, esto otro que, intuyo que carece de cualquier sentido de pertenencia a una familia, un grupo, una religión, una nación, raza… si, el trabajo de la comprensión me despoja de todo sentido de pertenencia, hay miedo creo que si no pertenezco a algo, no seré, me gustan mis apegos y los que los demás sienten hacia mí. Quiero defender el status quo a costa de la verdad. ¿Entonces de que sirve todo este trabajo espiritual? No es un problema que concierna al individuo, es la condición humana. Por eso decimos “he trabajado años, meditado, asistido a conferencia de maestros y leído cientos de libros” y no ha habido ningún cambio en el fondo. Por eso pregunto estáis dispuestos a tomar el podre y dejar de ser víctimas de nuestra experiencia de vida no digerida, lo que conlleva dejar que las cosas salgan a la luz y dejar que caiga lo falso y que todo lo que no es verdadero salga de nuestras vidas. No. no puedes tirarte a medias del precipicio. Amor Carles