domingo, 28 de enero de 2018

La experiencia pura del sentir.

Cerremos los ojos para asegurarnos de que nos estamos refiriendo al sentir puro y no al pensamiento, imagen o recuerdo del cuerpo. Sin la referencia del pensamiento o del recuerdo, ¿cuál es la naturaleza del sentir? Si mantenemos los ojos cerrados, el único conocimiento que tenemos del cuerpo es la sensación física. De hecho, sin la referencia al pensamiento o el recuerdo ni tan siquiera tenemos ningún conocimiento del cuerpo como tal. Tan solo conocemos el sentir actual, es únicamente el pensamiento el que etiqueta este sentir como “cuerpo”.
Si apartamos el pensamiento no podemos tan siquiera conocer la experiencia del momento como un sentir, tan solo hay experiencia pura, sin nombre.

Te invito a que leas lo siguiente e intentes después tener la experiencia:
cierra los ojos y experimenta durante unos minutos el sentir al que te refieres como “mi cuerpo”, algo así como si fuera la primera experiencia que nunca hubieses tenido.
 Si tuvieras que hacer un dibujo de esta sensación que estás sintiendo, ¿qué aspecto tendría?, ¿sería sólida y densa?, ¿es esta sensación mujer o hombre?, ¿cuánto pesa?, ¿acaso no es el peso sólo un sentir, una sensación?, ¿tiene nacionalidad?, ¿esta sensación tiene treinta, cuarenta, sesenta años de edad?

¿Y tiene la sensación una etiqueta adjunta a ella? Si aparece el yo que el pensamiento añade al sentir, te separas. ¿Qué es lo que define esta sensación como mía? Tan solo un pensamiento. Pero, ¿quién le da la autoridad a ese pensamiento? ¡Evidentemente no la experiencia! La experiencia cuenta una historia muy distinta.

Continuemos. Lleva atención a la experiencia de este momento, es posible que tu cuerpo este sentado en una silla. El único conocimiento que tienes del presunto cuerpo sentado en una silla es la sensación sentida que nos produce. Ve a ese sentir. ¿ Acaso no sientes presentes tanto el cuerpo como la silla en esta sensación única? Si la consideras desde la silla, esta sensación no es tuya, pero si la consideras desde el cuerpo, sí es tuya. Siente, entonces ¿es tuya o no es tuya?
  No puede ser ambas cosas a la vez. No puede ser dos cosas, un cuerpo y una silla, porque lo que experimentas es tan solo un sensación sentida. Y si no puede ser tanto el cuerpo como la silla, tampoco puede ser cuerpo o silla porque uno solo tiene sentido en relación al otro. 

Observa, por medio de la experiencia directa, que no se trata de cuerpo ni de silla. De hecho no hay ningún cuerpo ni silla presentes ahí en la experiencia real de la sensación sentida. El cuerpo y la silla son conceptos abstractos que se superponen a la experiencia por medio del pensamiento. Antes de que tenga lugar esta superposición, ¿cuál es la experiencia pura?

Tan pronto como el pensamiento intenta ponerle nombre, volvemos a separarnos. El pensamiento sencillamente no puede ir al núcleo de la experiencia y conocerla como “algo”. 
La experiencia es tan íntima en si misma, no hay separación. Sencillamente, no podemos salir de ella, mirarla desde la distancia y verla o conocerla como “ un cuerpo”, “una silla”, una “cosa” o “un objeto”.

En realidad únicamente tiene lugar la experiencia pura, sin nombre e íntima, hecha tan solo de conocimiento o experimentación, es decir, hecha tan solo de quiénes somos, presencia. Toda experiencia es así. No tan solo la silla, sino tambien las montañas, el mar, las calles, las estrellas, la gente, las casas, el trafico... Todo.

Es el pensamiento el que divide la intimidad continua de la experiencia en dos partes, un yo y un no-yo: una parte que conoce o ve y otra parte que es conocida o vista.

Esta presunta división oculta la auténtica intimidad de toda experiencia (esto es, la absoluta falta de distancia, separación u otredad que es la condición natural de toda experiencia) y hace que parezca que la experiencia incluye un yo que conoce, siente o percibe y un mundo que es conocido, sentido o percibido.

  Solo existe la experiencia pura del sentir.

Volvamos al dibujo de la sensación pura que llamamos “el cuerpo”. No te remitas a ninguna idea, imagen o recuerdo sino tan solo a la sensacción que experimentes en este momento. El dibujo podría parecerse un poco a la Vía Láctea, un conjunto de puntos amorfos flotando en un espacio vacío. De hecho, esta sensación es sobretodo espacio vacío.

Permite que este espacio vacío de tu propia presencia se infiltre en el sentir, que penetre profundamente en los tejidos. Tómate tiempo para permitirte que empape incluso esa zona que puede ofrecer alguna resistencia, que parece aferrarse a su propia objetividad o densidad. 
Siente que este espacio vacío de tu propio ser no está tan solo presente y consciente, también es amor, intimidad pura. Ama todo lo que toca; ésta es la única manera en que puedes conocer algo, amándolo. De hecho, el espacio vacío y amoroso de nuestro propio ser convierte en sí mismo todo lo que toca.

  Permite que capa tras capa de resistencia y retención sea empapada por el amor. 
El cuerpo es una especie de almacén donde están guardados todos nuestros rechazos, fracasos, miedos, resentimientos y heridas. Indigestiones de vida que mucho despúes de que el pensamiento los haya olvidado quedan ahí. Son estas capas de indigestión en forma de tensión y contracción las que eclipsan la natural tranparencia y nos identifican con el cuerpo dando la impresión de que un yo interior, separado, habita ahí.


Amor

Carles 

martes, 16 de enero de 2018

Visión del trauma desde pb

El trauma es muy respetable, lo necesitas; la prueba es que estás vivo. Lo necesitas para avanzar, él en sí mismo no es el problema, se vuelve problemático cuando no llegamos a digerirlo. Al ser digerido nos podemos expandir, justo al contrario que si no es digerido, que nos contrae. 
Y la vida es expansión, si no me estoy expandiendo me estoy muriendo. 
El trabajo en P.B. es darnos cuenta de que está la indigestión (trauma) y podemos estar con ella, escuchar sin espera. En esta receptividad, pacíficamente, el trauma puede subir a la superficie cuando tiene suficiente espacio en nosotros, se vacía y es digerido. 
Amor

Carles 

jueves, 21 de diciembre de 2017

¿Qué puede aportarme el encuentro "Circulo de Escucha"?

   
 La felicidad, desde el enfoque de la Presencia Biodinámica, es un estado de rendición y no-lucha, en el que estamos conectados con nuestro cuerpo de tal manera que podemos disfrutar la vida plenamente, como cuando éramos niños. Desaparecen las expectativas porque la mente ya no nos utiliza ni desgasta con pensamientos obsesivos o innecesarios que nos sacan del presente. Al estar conectados con el cuerpo, el pensamiento puede ser utilizado como herramienta para tareas funcionales.

   La Presencia Biodinámica es el despertar de la conciencia, es la comprensión de que estar bien es permitirnos sentir lo que estamos sintiendo en cada momento.

   En un encuentro de Presencia Biodinámica podemos darnos cuenta de que no somos el personaje que hemos construido, que por debajo de nuestro ego estamos conectados con todo y con todos. También podemos tomar recursos para agarrar las riendas de nuestra vida y dejarnos fluir en vez de luchar. 


   Feliz vida.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Círculos de Escucha Plena

Si nos despojamos de todas las etiquetas que el pensamiento superpone a la experiencia, todo lo que queda es la conciencia. De hecho, la experiencia no contiene ninguna sustancia a parte de la conciencia. Podríamos ir aún más lejos y ver, a través de la exploración profunda de la experiencia, que el sujeto que atestigua y el objeto atestiguado, por más sutil que sea, han sido superpuestos a la experiencia por el pensamiento. 

Amor

Carles 

domingo, 3 de diciembre de 2017

La necesidad de ayudar.




A. ¿Por qué nos involucramos?

C. Como terapeuta, siento una confusión que pienso que está bastante extendida en relación a entregarse al cien por cien e involucrarse.

Cuando hablamos de involucrarse en una relación humana nos referimos al nivel de la historia. Lo que le está pasando a la otra persona toca mi propia historia de vida no digerida y desde ahí, desde mi historia, creo saber lo que necesita, con lo cual sin darme cuenta mi actitud nos debilita a las dos. Por una parte, al paciente no le servirá el encuentro o no quedarán nunca satisfechas sus expectativas, con lo cual yo no termino de sentirme bien con el trabajo. Entonces puedo creer que no terminé de hacer bien algo o pude haber hecho algo más. Los dos salimos debilitados.

Entregarse completamente, tal como yo lo percibo, puede sonar frío o egoísta cuando se lo explico a alguien por primera vez.

Cuando me entrego a lo que está ocurriendo desaparece la separación, la separación solo está en la historia de vida que llevamos. Hay pura aceptación de lo que está ocurriendo, aceptación de que no se qué necesita el otro ni yo, solo estoy dispuesto a sostener lo que está ocurriendo sabiendo que es un regalo de la vida para ambos. Así ella no tiene que convencerme de lo que vivió, cómo lo vivió, para ella fue así, esto es una gran oportunidad de que ella sane su vida si llega a darse cuenta del patrón de su historia.
Y esto no puede ocurrir si tú haces algo más que solamente recibir con todo tu cuerpo (como tú sabes hacer) lo que ella está compartiendo. Esto es Amor.

Cuando hoy vayas a visitarla puedes intentar una cosa, si te parece. Ve a verla como si fuera la primera vez que entras en contacto con ella, como si no conocieras ni siquiera el parto, por debajo de la historia. Entra en contacto con todo tu cuerpo estando en presencia de ella y su bebé. Haz lo que tengas que hacer desde ahí. Y después, si quieres, me cuentas. 

Amor
Carles 



lunes, 27 de noviembre de 2017

Sinergia

Toda la naturaleza está en simbiosis, en ella no existe nada que sea “maligno” o “benigno”. No se basa en la supervivencia del más fuerte sino, al contrario, en un equilibrio Biodinámico en el que todos los elementos actúan en una simbiosis, en una no-separación.

Es verdad que el león devora a la gacela, pero sólo a aquella más débil, que en la fuga queda detrás, aislada de la manada. De este modo la gacela es útil para el león porque le facilita el alimento y el león será útil al grupo de gacelas porque se comerá a sus elementos más débiles. Salir de la idea de lo que es justo y de lo que es erróneo nos ayudará a comprender esta sinergia del movimiento de la vida. Nuestro cuerpo, lo queramos o no, forma parte de esta naturaleza y estamos bajo sus reglas.

La naturaleza nos ha dotado de mecanismos para hacer frente a situaciones “inesperadas” mediante programas biológicos que se han ido formando durante miles de años. También nos concede un tiempo útil para resolver estas situaciones que nos causan conflicto y tenemos que enfrentar o, de otra forma, morir. Esto es así porque si no podemos digerir la situación que causó el conflicto dentro de un período apropiado es porque no somos capaces de adaptarnos a la vida. Cuando las lluvias hacen cambiar al río su trayectoria alejándose del árbol, éste se activará para alargar sus raíces, hundirlas más en la tierra lo antes posible y encontrar el agua para no morir. Pero para hacer esto dispone de un tiempo determinado.

Un ejemplo: si tocamos el fuego con la mano, instantáneamente la retiraremos sin emplear tiempo en razonamientos o reflexiones filosóficas. En cambio en nuestra vida cotidiana parece que nos acostumbramos a no sentir que el fuego nos está quemando. Y después de un tiempo nos encontramos con la mano quemada, luego pensaremos que el fuego es malo. ¡ Y pretenderemos que alguien nos ayude a que nuestra mano quede como antes!

Es como si en nuestra vida cotidiana nos fuese más facil continuar golpeándonos la carnaza contra el mismo muro en vez de desplazarnos un poco y pasar por la otra puerta. De hecho, el cuerpo se repara a sí mismo de los primeros golpes, pero cuando supera cierto límite (patrones de vida) le es muy difícil hacerlo. Esto demuestra que el problema no es lo que desencadenó el conflicto, o que nuestro cuerpo o la naturaleza se hayan equivocado. No son las paredes o el fuego los malos, el problema es nuestra dificultad para “cambiar de lugar” y alejarnos de aquello que nos hace daño y nos mantiene disociados de la realidad.

De muy poco sirve repetirnos mentalmente que el problema que hemos tenido ya ha sido resuelto y que quedó atrás. Si la indigestión que causó el conflicto está digerida, ya no está, se borra. Quizá la confusión está en la identificación con nuestro físico y creernos que es eterno, y con esta ilusión nos concedemos el permiso para seguir dándonos golpes en el mismo muro sin considerar que tendrá unas consecuencias, en ocasiones,  irreparables.

La Presencia Biodinámica puede ayudarnos a estar más cerca del sentir verdadero, más atentos a aquello que en verdad es importante, necesario o peligroso para nosotros como personas únicas, con nuestras historias de vida, personales y colectivas.

Amor

Carles 

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El Ahora

El ahora es quien en realidad somos. No estamos presentes en el ahora, aparecemos en el ahora. El ahora no es un contenedor que comprende nuestro yo junto con todo lo demás. 

Intenta salir del ahora e ir al pasado durante un segundo. ¿Puedes hacerlo? A continuación, trata de ir al futuro durante otro segundo. ¿Adónde has ido? ¿Adónde puedes ir?

De hecho, si permanecemos con nuestra experiencia, nos encontramos con que este ahora es el único ahora que siempre tiene lugar. Es un ahora eterno. 
Este ahora no va a ningún lugar en el espacio-tiempo. No existe ningún tiempo en el que puedas viajar hacia delante o hacia atrás, y es que el ahora no es un momento en el espacio-tiempo. No tiene nada que ver con el tiempo ni está hecho de tiempo ni de espacio. 
¿De qué está hecho el ahora? El ahora está siempre presente y por lo tanto solo puede estar hecho de algo que esté también siempre presente. Y ¿qué es lo que, en nuestra experiencia, está siempre presente? ¿La mente, el cuerpo, el mundo? No, puesto que aparecen en el ahora. ¡Solo quienes somos está siempre! Somos el vacío donde el mundo aparece. 

¿Y qué motivos tiene nuestro yo para evitar el ahora (nuestro yo no como cuerpo mente sino nuestro yo como presencia conciencia)? Antes de la aparición del pensamiento, nuestro yo no tiene ningún motivo, incluso durante un pensamiento motivador el motivo es tan solo este pensamiento. En otras palabras, todos los motivos obedecen a un pensamiento, nunca a nuestro yo. 
El pensamiento cree que un pensamiento motivador es un motivo de nuestro yo, pero el yo no tiene un motivo, es un imaginario. Sin embargo, este yo imaginario, por su parte, no tiene motivo sino que es un motivo. Por tanto, constituye él mismo un movimiento de resistencia o búsqueda, alejado del ahora en un pasado o un futuro imaginarios. 


Amor

Carles